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febrero 5  /  Publicado por en Blog  / 

Sobre los covers y otros demonios

Cash

Hace algunos años se organizó un concurso en Cali, que se anunciaba como – palabras textuales – “(…)una Gran Fiesta de Integración de Talentos y Creatividad (…)” (énfasis mío). El nombre del concurso: “Concurso de grupos y bandas cover 2006″. Los requisitos del concurso incluían, aparte de un pago en dinero, “una maqueta con tres temas, dos cover y el tercero puede ser cover o inédito” (sic).

No quiero ahondar en detalles sobre el concurso, pero era esta la manera en que los organizadores querían fomentar el talento y creatividad de los jóvenes músicos vallecaucanos – presionándolos a hacer covers.

No quiero pecar de ignorante (o al menos no en extremo, porque sí que lo soy), así que cito algunas definiciones. Según la web de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra creatividad significa “facultad de crear” o “capacidad de creación”, mientras que según Wikipedia, el incorrectamente usado anglicismo cover se puede definir como “(…) una nueva interpretación (en directo, o una grabación) de una canción grabada previamente por otro artista”. ¿Peco ahora de tonto o había una contradicción en las bases del concurso aquel?

¿Qué pasa con esta fiebre de covers, que desde antes de este concurso y hasta nuestros días no ha hecho más que crecer o al menos mantenerse?

Quiero, primero que nada, aclarar que no tengo nada contra los covers. Yo mismo he grabado y he tocado algunos. Existen covers interesantísimos, algunos que hacen homenaje a la versión original o que incluso la superan. Un cover es una forma de agradecer al creador de una obra que nos ha resultado inspiradora, o que quizás ha servido para musicalizar un momento importante en nuestras vidas. Un cover puede ser además una recreación de la canción original, en ocasiones llegando a ser una obra completamente nueva, con mérito creativo propio, y que en ese caso cita la versión original como se cita un libro en una bibliografía (algo similar – pero diferente – a lo que ocurre en el sampling). Por último también está el cover ocasional que se hace por el simple placer de tocar algo que el intérprete conoce y disfruta. En todos estos casos, hay una motivación artística genuina, que por lo general desemboca en una nueva pieza o en una interpretación interesante y valiosa.

Lo que me parece criticable es la tendencia del público a ignorar la producción artística original, y a únicamente aceptar escuchar en vivo las mismas canciones  refritas que hemos escuchado una y mil veces. Y la constante presión por parte de emisoras, estaciones de televisión, y dueños de bares, restaurantes y organizadores de conciertos y concursos para que los artistas hagan de los covers la mayor (o única) parte de su repertorio. Y la complicidad de nosotros mismos como músicos al aceptar semejante insulto.

Estimado colega músico, por favor no me malinterprete: si usted toca covers y disfruta haciéndolo, me parece fantástico. Pero si usted compone y quiere dar a conocer su música, no se deje meter los dedos en la boca. Tocar cinco covers y luego tratar tímidamente de meter de sexta, como a escondidas, como por debajo de cuerdas, una canción suya, no va a servir para que la gente conozca su obra. Plántese en frente del dueño/organizador y dígale que no toca covers, o que solo lo hace cuando le da la puta gana. Es como la payola. Si le piden plata, no la de, no siga el juego.

Y si es usted alguien que disfruta de la música en vivo, me cito a mi mismo: no espere covers, pídale a los músicos en tarima que toquen su música y escúchela con atención. Le aseguro que agradecerán eso más que cualquier aplauso.

Permítame, estimado lector, resumir y concluir con una insolente y arbitraria pero sincera opinión. Pienso que los únicos covers que valen la pena, son aquellos que los músicos deciden hacer por que les gusta la versión original, porque admiran al autor y/o porque disfrutan tocándolos. El resto, los grabados con la idea de vender más; los ejecutados con la intención de adornar el ambiente de un lugar mientras la audiencia se come un hamburguesa; los tocados para darle gusto a un público que siempre quiere escuchar lo mismo y para llenar los bolsillos de terceros, son un desperdicio de tiempo y de talento.

1 Comentarios

  • Me gustan los cover, los disfruto cuando hacen un buen homenaje a un artista, pero ODIO pagar por ver una banda tributo, porque para oir cañonazos… en casa tengo WINAMP.

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